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7 de abril de 2013

Waslala

Todo el mundo sabe que en distintos lugares del planeta existen corredores de viento, fronteras invisibles que conectan dimensiones con diferentes coordenadas de espacio y tiempo. En esa idea se basa la serie Lost, Perdidos.
La primera vez que descubrí la existencia de esos lugares fue en la novela Waslala, más allá de Fagua, donde habían construido la utopía de un ideal imposible, y como tal, no quedaba de ella más que la huella de lo que había sido.
La novela es el viaje de la protagonista en búsqueda de ese ideal.

¿Realidad o ficción?
De entrada, existir, existe: http://en.wikipedia.org/wiki/Waslala
Algunos sucesos narrados también son reales, tristemente. A quien no lo haya leído le impactará la historia de Engracia (ATENCIÓN: PELIGRO DE SPOILER EVITADO), el suceso real tuvo lugar en una ciudad brasileña, Goiania, en septiembre de 1987, cuando dos rebuscadores de basura encontraron un tubo de metal y (cito a la autora que a su vez cita a James Brooke, en The New York Times) lo vendieron a un negociante de chatarra, que lo abrió a martillazos con la esperanza de vender el envase de plomo. En su interior encontró un fabuloso polvo azul que brillaba en la oscuridad. Fascinado por la novedad, regaló vasitos llenos del polvo a sus amigos y parientes. En el cumpleaños de una de ellas, una niña de seis años, pusieron el polvo sobre la mesa del comedor y apagaron las luces....
El polvo azul era cesio 137, un material radiactivo. Todas esas personas se contaminaron y algunas murieron (entre otros, la niña del cumpleaños)

Por cierto, cómo es posible que a cualquiera de nosotros nos suene de oídas el accidente de Chernobyl, y sin embargo nunca hayamos escuchado nada sobre Goiania. Al parecer quedaba muy lejos del primer mundo, que es el que a todos parece importar de verdad.

¿La sinopsis de la novela? Aquí: http://es.shvoong.com/books/novel/1727418-waslala-la-b%C3%BAsqueda-una-civilizaci%C3%B3n/

Un estudio más trascendental : http://www.sololiteratura.com/gio/gioobrwaslalanuevo.htm

Y toda una amplia información sobre Waslala como municipio (nada que ver con la novela) : http://www.manfut.org/RAAN/waslala.html

Ni que decir tiene que el hecho de que sea uno de mis principales opiáceos, no tiene nada que ver con que el municipio de Waslala se haya caracterizado por la producción de sustancias opiáceas, sino por la poesía y la imaginación de su escritora, Gioconda Belli.

1 de noviembre de 2012

Palabra de corsario



Todos estamos en peligro

Entrevista con Pier Paolo Pasolini, por Furio Colombo


Esta entrevista tuvo lugar el sábado 1 de noviembre, entre las 4 y las 6 de la tarde, pocas horas antes de que Pasolini fuera asesinado. Quiero precisar que el título de la entrevista es suyo, no mío. De hecho, al término de la conversación que a menudo, como en otras ocasiones, nos ha sorprendido con convicciones y puntos de vista diferentes, le pregunté si quería dar un título a su entrevista. Se lo pensó un poco, dijo que no tenía importancia, cambió de tema, luego algo nos devolvió al argumento de fondo que aparece continuamente en las respuestas que siguen. «He aquí la semilla, el sentido de todo - dijo - Tú no sabes quién está pensando en matarte ahora. Pon este título, si quieres: “Porque estamos todos en peligro”».



Pasolini, en tus artículos y en tus escritos has dado muchas versiones de lo que detestas. Has abierto una lucha, solo, contra muchas cosas, instituciones, convicciones, personas, poderes. Para que sea menos complicado el discurso yo diré «la situación», y tu sabrás que quiero hablar de la escena en contra de la que, en general, te bates. Ahora te hago esta objeción. La «situación», con todos los males que tú dices, contiene todo lo que te permite ser Pasolini. Quiero decir: tuyo es el mérito y el talento. ¿Pero los instrumentos? Los instrumentos son de la «situación». Editorial, cine, organización, hasta los objetos. Pongamos que el tuyo sea un pensamiento mágico. Haces un gesto y todo desaparece. Todo eso que detestas. ¿Y tú? ¿Tú no te quedarías solo y sin medios? Quiero decir medios expresivos, quiero...


Sí, he entendido. Pero ese pensamiento mágico yo no sólo lo intento, sino que me lo creo. No en el sentido mediático. Sino porque sé que golpeando siempre sobre el mismo clavo puede hasta derribarse una casa. En pequeño, un buen ejemplo nos lo dan los radicales, cuatro gatos que consiguen remover la conciencia de un país (y tú sabes que no siempre estoy de acuerdo con ellos, pero precisamente ahora estoy a punto de salir para ir a su congreso). En grande, el ejemplo nos lo da la historia. El rechazo ha sido siempre un gesto esencial. Los santos, los ermitaños, pero también los intelectuales. Los pocos que han hecho la historia son aquellos que han dicho no, en absoluto los cortesanos y los ayudantes de los cardenales. El rechazo, para funcionar, debe ser grande, no pequeño, total, no sobre este o aquel punto, «absurdo», no de sentido común. Eichmann, amigo mío, tenía mucho sentido común. ¿Qué le faltó? Le faltó decir no, antes, al principio, cuando lo que hacía era sólo administración rutinaria, burocracia. A lo mejor incluso habrá dicho a los amigos: a mí ese Himmler no me gusta mucho. Habrá murmurado, como se murmura en las editoriales, en los periódicos, en el amiguismo y en la televisión. O también se habrá rebelado porque este o aquel tren se paraba una vez al día para las necesidades y el pan y el agua de los deportados, cuando hubieran sido más funcionales o más económicas dos paradas. Pero nunca ha bloqueado la maquinaria. Entonces los problemas son tres. Cuál es, como dices tú, «la situación», y por qué se debería pararla o destruirla. Y cómo.



Eso es, describe “la situación”. Sabes perfectamente que tus intervenciones y tu lenguaje tienen un poco el efecto del sol que atraviesa el polvo. Es una imagen bella, pero se entiende poco.


Gracias por la imagen del sol, pero pretendo mucho menos. Pretendo que mires a tu alrededor y te des cuenta de la tragedia. ¿Cuál es la tragedia? La tragedia es que ya no somos seres humanos, somos extrañas locomotoras que chocan unas contra otras. Y nosotros, los intelectuales, cogemos el horario de los trenes del año pasado, o de hace diez años, y decimos: qué extraño, esos dos trenes no pasan por ahí, ¿cómo es que se han destrozado de esa manera? O el maquinista se ha vuelto loco o es un criminal aislado o se trata de un complot. El complot, sobre todo, nos hace delirar. Nos libera de todo el peso de enfrentarnos solos a la verdad. Qué bien si mientras nosotros estamos aquí charlando alguno en una taberna está haciendo planes para deshacerse de nosotros. Es fácil, es sencillo, es la resistencia. Perderemos algunos camaradas y después nos organizaremos y quitaremos de en medio a los otros, ¿no te parece? Yo sé que cuando da en televisión ¿Arde París? Todos están ante el televisor, con lágrimas en los ojos y unas ganas locas de que la historia se repita, bella, limpia (un efecto del tiempo es que “lava” las cosas, como las fachadas de las casas). Sencillo; yo aquí, tú allí. No hagamos bromas con la sangre, el dolor, la fatiga que la gente pagó entonces por “elegir”. Cuando estás con la cara aplastada contra aquel momento, aquel minuto de la historia, elegir es siempre una tragedia. Pero, admitámoslo, era más sencillo. El fascista de Salò, el nazi de las SS, el hombre normal, con la ayuda del valor y de la conciencia, consigue rechazarlo, incluso de su vida interior (que es donde empieza siempre la revolución). Pero ahora no. Uno se te viene encima vestido de amigo, es gentil, cortés, y “colabora” (pongamos que en la televisión), por ir tirando o porque no es un delito. El otro –o los otros, los grupos- te sale al encuentro o se te echa encima –con sus chantajes ideológicos, con sus sermones, sus prédicas, sus anatemas, y tú sientes que también son amenazas. Desfilan con banderas y consignas, pero ¿qué los separa del “poder”?



¿Qué es el poder, según tú, dónde está, dónde se encuentra, como lo sacas de su madriguera?


El poder es un sistema de educación que nos divide en subyugados y subyugadores. Pero cuidado. Un mismo sistema educativo que nos forma a todos, desde las llamadas clases dirigentes hasta los pobres. Por eso todos quieren las mismas cosas y se portan de la misma manera. Si tengo en las manos un consejo de administración o una operación bursátil, los utilizo. Si no, una barra de hierro. Y cuando utilizo una barra de hierro hago uso de mi violencia para obtener lo que quiero. ¿Por qué lo quiero? Porque me han dicho que es una virtud quererlo. Yo ejerzo mi derecho-virtud. Soy asesino y soy bueno.



Te han acusado de no distinguir política e ideológicamente, de haber perdido el sentido de la diferencia profunda que tiene que haber entre fascistas y no fascistas, por ejemplo entre los jóvenes.


Por eso te hablaba del horario ferroviario del año pasado. ¿Nunca has visto esas marionetas que hacen reír tanto a los niños porque tienen el cuerpo vuelto de una parte y la cabeza de la otra? Me parece que Totò hacía un truco parecido. Así veo yo la inmensa tropa de intelectuales, sociólogos, expertos y periodistas de las intenciones más nobles, las cosas suceden aquí y la cabeza mira hacia allá. No digo que no exista el fascismo. Digo: dejad de hablarme del mar mientras estamos en la montaña. Este es un paisaje distinto. Aquí existe el deseo de matar. Y este deseo nos ata como hermanos siniestros de un fracaso siniestro de todo un sistema social. También a mi me gustaría que todo se resolviese con aislar a la oveja negra. Yo también veo las ovejas negras. Veo muchas. Las veo todas. Este es el problema, ya se lo he dicho a Moravia: por la vida que llevo pago un precio... Es como uno que baja al infierno. Pero cuando vuelvo - si vuelvo - he visto otras cosas, más cosas. No digo que tengáis que creerme. Digo que tenéis que cambiar continuamente de discurso para no enfrentaros a la verdad.



¿Y cuál es la verdad?


Siento haber utilizado esta palabra. Quería decir «evidencia». Deja que ponga otra vez las cosas en orden. Primera tragedia: una educación común, obligatoria y equivocada que nos empuja todos a la competición por tenerlo todo a toda costa. A esta arena nos empuja como una extraña y oscura armada en la que unos tienen los cañones y otros tienen las barras de hierro. Entonces, una primera división, clásica, es «estar con los débiles». Pero yo digo que, en un cierto sentido, todos son los débiles, porque todos son victimas. Y todos son los culpables, porque todos están listos para el juego de la masacre. Con tal de tener. La educación recibida ha sido: tener, poseer, destruir.



Entonces deja que vuelva a la pregunta inicial. Tú, mágicamente anulas todo. Pero vives de los libros, y necesitas inteligencias que lean. Es decir, consumidores educados del producto intelectual. Tú haces cine y necesitas no sólo de grandes plateas disponibles (de hecho por lo general tienes mucho éxito popular, o sea eres «consumido» ávidamente por tu público) sino también de una gran maquinaria técnica, organizativa, industrial, que esta en medio. ¿Si quitas todo eso, con una especie de mágico monaquismo de tipo paleo-católico y neo-chino, qué te queda?


A mi me queda todo, o sea yo mismo, ser vivo, estar al mundo, ver, trabajar, comprender. Hay cientos de maneras de contar las historias, de escuchar las lenguas, de reproducir los dialectos, de hacer el teatro de los títeres. A los otros les queda mucho más. Pueden hacerme frente, cultos como yo o ignorantes como yo. El mundo se hace grande, todo pasa a ser nuestro y no tenemos que utilizar ni la Bolsa, ni el consejo de administración, ni la barra de hierro para depredarnos. Ves, en el mundo que muchos de nosotros soñábamos (repito: leer el horario de trenes del año anterior, pero en este caso podemos decir de muchos años antes) había el patrón infame con el sombrero de copa y los dólares que se le colaban de los bolsillos y la viuda demacrada que pedía justicia con sus niños. El buen mundo de Brecht, en suma.



Es como decir que tienes nostalgia de aquel mundo.


¡No! Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que peleaba para derribar a aquel patrón sin convertirse en aquel patrón. Como estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado. Yo tengo miedo de estos negros en revuelta, iguales al patrón, otros saqueadores que quieren todo a toda costa. Esta oscura obstinación en la violencia total no deja ver ya «de que signo eres». A cualquiera que lleven al hospital al final de su vida sea llevado moribundo al hospital le interesa más -si tiene todavía un soplo de vida - qué le dirán los médicos sobre sus posibilidades de vivir que qué le dirán los policías sobre la mecánica del delito. Date cuenta de que yo no hago ni un proceso de intenciones ni me interesa ya la cadena causa efecto, primero ellos, o primero él, o quién es el jefe-culpable. Me parece que hemos definido lo que tú llamas la «situación». Es como cuando en una ciudad llueve y se han atorado las alcantarillas. El agua sube, es un agua inocente, agua de lluvia, no tiene ni la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un río. Mas, por la razón que sea no baja, sino que sube. Es la misma agua de lluvia de muchos poemitas infantiles y de las musiquillas del «cantando bajo la lluvia». Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a este punto yo digo: no perdamos todo el tiempo en poner una etiqueta aquí y otra allá. Veamos cómo se desatasca esta maldita bañera, antes que nos ahoguemos todos.



Y tú, por eso, quisieras que todos fuesen pastorcillos sin enseñanza obligatoria, ignorantes y felices.


Dicho así sería una estupidez. Pero la llamada enseñanza obligatoria fabrica a la fuerza gladiadores desesperados. La masa se hace más grande, como la desesperación, como la rabia. Admitamos que yo haya tenido una salida de tono (aunque no lo creo). Decidme vosotros otra cosa. Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida que tiene el único objetivo de hacerse libre y dueña de si misma. Se entiende que me imagino que pueda todavía llegar un momento así en la historia italiana y en la del mundo. Lo mejor de lo que pienso podrá hasta inspirarme uno de mis próximos poemas. Pero no lo que sé y lo que veo. Quieto decir con toda franqueza: yo bajo al infierno y sé cosas que no molestan la paz de otros. Pero prestad atención. El infierno está subiendo también entre vosotros. Es verdad que sueña con su uniforme y su justificación (a veces). Pero es también verdad que sus ganas, su necesidad de golpear con la barra de hierro, de agredir, de matar, es fuerte y es general. No será por mucho tiempo la experiencia privada y peligrosa de quien, cómo decirlo, ha tocado «la vida violenta». No os hagáis ilusiones. Y vosotros, con la escuela, la televisión, lo pacato de vuestros periódicos, vosotros sois los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir. Dichosos vosotros que os quedáis tan felices cuando podéis poner sobre un crimen su buena etiqueta. A mi esta me parece otra de las muchas operaciones de la cultura de masa. Como no podemos impedir que pasen ciertas cosas, nos tranquilizamos encasillándolas.



Pero abolir tiene que decir a la fuerza crear, si no tú también eres un destructor. Los libros por ejemplo, ¿qué será de ellos? No quiero hacer el papel de quien se angustia más por la cultura que por la gente. Pero esta gente salvada, en tu visión de un mundo diferente, ya no puede ser primitiva (esta es una acusación frecuente que te hacen) y si no queremos utilizar la represión «más avanzada»...


Que me da escalofríos.



Si no queremos utilizar frases hechas, una indicación tiene sin embargo que existir. Por ejemplo, en la ciencia-ficción, como en el nazismo, se queman siempre los libros como gesto inicial de exterminio. Cerradas las escuelas, clausurada la televisión, ¿cómo animas tu belén?



Creo haberme ya explicado con Moravia. Cerrar, en mi lenguaje, quiere decir cambiar. Cambiar pero de modo tan drástico y desesperado como drástica y desesperada es la situación. Lo que impide un verdadero debate con Moravia, pero sobre todo con Firpo, por ejemplo, es que parecemos personas que no ven la misma escena, que no conocen la misma gente, que no escuchan las mismas voces. Para vosotros una cosa ocurre cuando es una crónica, hecha, maquetada, editada y titulada. ¿Pero qué hay debajo? Aquí falta el cirujano que tiene el coraje de examinar el tejido y de decir: señores, esto es cáncer, no una cosita benigna. ¿Qué es el cáncer? Es una cosa que cambia todas las células, que las hace crecer todas de forma enloquecida, fuera de cualquier lógica precedente. ¿Es un nostálgico el enfermo que sueña con la salud que tenía antes, aunque antes fuera un estúpido y un desgraciado? Antes del cáncer, digo. Es decir, antes de todo será necesario hacer no sólo un esfuerzo para tener la misma imagen. Yo oigo a los políticos con sus formulismos, todos los políticos, y me vuelvo loco. No saben de que país están hablando, están tan lejos como la luna. Y los literatos. Y los sociólogos. Y los expertos de todos tipo.



¿Por qué piensas que para ti ciertas cosas están más claras?


No quisiera hablar más de mí, quizás he hablado incluso demasiado. Todos saben que yo mis experiencias las pago personalmente. Pero están también mis libros y mis películas. Quizás soy yo quien se equivoca. Pero sigo diciendo que estamos todos en peligro.


Pasolini, si ves la vida así - no sé si aceptarás esta pregunta- ¿cómo piensas evitar el peligro y el riesgo?


Se ha hecho tarde, Pasolini no ha encendido la luz y se hace difícil tomar apuntes. Miramos juntos los míos. Luego me pide que le deje las preguntas.


Hay puntos que me parecen demasiado absolutos. Deja que lo piense, que los relea. Y dame tiempo para encontrar una conclusión. Tengo una cosa en mente para responder a tu pregunta. Para mi es más fácil escribir que hablar. Te dejo las notas que añada mañana por la mañana.


Al día siguiente, domingo, el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini estaba en el tanatorio de la policía de Roma.

30 de octubre de 2012

La vieja sirena






Aunque ya había salido hacía unos cuantos años, yo descubrí La vieja sirena cuando me la recomendó un médico del hospital donde nació mi sobrino. Me vio leyendo en el pasillo de la planta de los recién nacidos, y estuvimos hablando un rato de libros. Yo por entonces tenía diecisiete años y fue mi primera gran novela. Es cierto que después la he releído ya varias veces y nunca ha vuelto a tener la misma intensidad de la primera lectura, tal vez tenía yo la edad justa para disfrutarla. El caso es que me marcó, una historia muy entretenida con unos personajes más allá del amor. Por éso siempre la he colocado como la primera de mis novelas opiáceas.


Ahora con la perspectiva de los años los personajes pueden resultar bastante típicos, y alguna de sus tramas es previsible, y abusa del tópico tan vendido de que el amor todo lo puede, pero aún así para mí sus páginas guardan un pequeño rescoldo escondido entre las cenizas que quedaron tras el fuego. Una especie de primer amor literario.


La novela narra las peripecias de Glauka, una sirena convertida en mujer, desde que fue vendida como esclava a Ahram, el Navegante, un poderoso comerciante, y cuyo amor centra el libro. En su casa conocerá a Krito, el otro personaje del triángulo protagonista, un filósofo con el don de la palabra, a un mismo tiempo hombre y mujer.


En la canción The origin of love que anda por ahí, se explica los tres sexos de la humanidad antes de que los dioses nos separaran por la mitad, los hijos del sol (ambos hombres), los hijos de la tierra (ambas mujeres), y los hijos de la luna, parte del sol y de la tierra, mitad y mitad, hombre y mujer. Pues Krito podría ser uno de estos últimos, descendiente de quienes escaparon al rayo de Zeus.


Me vuelvo a centrar...los tres personajes tienen grandes momentos de monólogos interiores gracias a los cuales cada uno se da a conocer perfectamente, y la novela está narrada con una gran prosa poética, en el contexto histórico de las intrigas políticas en Alejandría durante el siglo III.


El final del "descenso a las alturas" me impresionó... ".....un dios retrocedería, pero yo soy mujer enamorada, ¡soy mortal, qué milagro!, un dios renunciaría, a ellos no les es dado el heroísmo, sólo se llega a héroe en el altar de la muerte, adelante, en este sofocante abrazo del agua..., del fuego..., tus brazos ardientes llevándome contigo al surtidor altísimo... ¡Abajo, abajo! ¡Más adentro que los dioses, arrebatada a ti por ese amor en el morir que un inmortal nunca podrá gozar!"


Y no digo nada más por si acaso, bueno, sí, quien no la haya leído la puede ver digitalizada x akí (ojo, para hacerse una idea del estilo y de qué va; lo bueno es leérsela en el libro...)

28 de agosto de 2011

El sol cruje invisible




Sr. D. Carlos Bousoño
Altavista 88
San Ángel
D.F.

México D.F. 16 de enero de 1948



Apreciado amigo Bousoño:

Acabamos de hablar por teléfono, y aún guardo el calor de sus palabras tan simpáticas hacia quien es, al fin y al cabo, un completo desconocido para usted. Me apena que no podamos vernos en los próximos días por su viaje a Veracruz, precisamente el primer lugar de México que yo pisé en junio de 1939. Pero reitero lo que le dije en la conversación telefónica: si al volver tiene un rato libre y el deseo de que nos encontremos, llámeme por favor al mismo número y yo acudiré enseguida a donde usted me indique, no importa la hora que sea. Mientras espero esa llamada suya, le copio en esta tarjeta enviada para que la encuentre al regreso un verso de Vicente que él, además de escribirlo en un poema de La destrucción o el amor, decía a menudo y me dijo a mí la última vez que nos vimos, en Miraflores de la Sierra, el 12 de marzo de 1937. «Vivir, vivir, el sol cruje invisible». Pero yo no he vivido desde entonces más que en sombras, y el sol, si es que brilló, fue para mí tan invisible que ni le oí crujir.


Con el saludo cariñoso de

Andrés Acero


De El abrecartas, de Vicente Molina Foix

22 de agosto de 2011

Realidad no hay más que una

Las apariencias engañan, a veces puedes hacer algo que no consideres normal y entonces el paisaje cotidiano parece un poco diferente al de siempre, pero no te dejes engañar por las apariencias, realidad no hay más que una.

Esto es lo que le dice un taxista a Aomame al principio de 1Q84 de Murakami. Y mientras lo estaba leyendo ha venido a mi mente aquella escena de El club de los poetas muertos, cuando el profe les pedía a los alumnos que caminaran a su aire. No tiene mucha relación una cosa y otra, pero las apariencias engañan.

Nuestros pasos pueden ser más grandes o pequeños, más rápidos o lentos, en una u otra dirección..., cada paso será único y todos serán similares. No es sólo conformidad, aunque camines a tu aire ese aire es el mismo para todos.

Puedes bajar de un taxi y andar entre el tráfico por la autovía hasta bajar por las escaleras de emergencia, o puedes no andar y quedarte sentado al borde del camino. Tomar una decisión o no tomarla, dar un paso o no darlo, cada cual puede andar por su vida como mejor se sienta. Son muchas las formas de vivir pero realidad no hay más que una...

14 de abril de 2011

El testamento de Trotsky



Mi presión arterial (que sigue aumentando) engaña a los que me rodean sobre mi estado de salud real. Me siento activo y en condiciones de trabajar, pero evidentemente se acerca el desenlace. Estas líneas se publicarán después de mi muerte.


No necesito refutar una vez más las calumnias estúpidas y viles de Stalin y sus agentes; en mi honor revolucionario no hay una sola mancha. Nunca entré, directa ni indirectamente, en acuerdos ni negociaciones ocultas con los enemigos de la clase obrera. Miles de adversarios de Stalin fueron víctimas de acusaciones igualmente falsas.



Las nuevas generaciones revolucionarias rehabilitarán su honor político y tratarán como se lo merecen a los verdugos del Kremlin. Agradezco calurosamente a los amigos que me siguieron siendo leales en las horas difíciles de mi vida. No nombro a ninguno en especial porque no puedo nombrarlos a todos.


Sin embargo, creo que se justifica hacer una excepción con mi compañera, Natalia Ivanova Sedova. El destino me otorgó, además de la felicidad de ser un luchador de las causas del socialismo, la felicidad de ser su esposo. Durante los casi 40 años que vivimos juntos ella fue siempre una fuente inextinguible de amor, bondad y ternura. Soportó grandes sufrimientos, especialmente en la última etapa de nuestras vidas. Pero en algo me reconforta el hecho de que también conoció días felices.


Fui revolucionario durante mis cuarenta y tres años de vida consciente y durante cuarenta y dos luché bajo las banderas del marxismo. Si tuviera que comenzar todo de nuevo trataría, por supuesto, de evitar tal o cual error, pero en lo fundamental mi vida sería la misma. Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, en consecuencia, un ateo irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es hoy menos ardiente, aunque sí más firme, que en mi juventud.


Natasha se acerca a la ventana y la abre desde el patio para que entre más aire en mi habitación. Puedo ver la brillante franja de césped verde que se extiende tras el muro, arriba el cielo claro y azul, y el sol brilla en todas partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.




21 de marzo de 2011

Hormigas





Han llegado las hormigas a la redacción. Un poeta vería belleza en este hecho; aquí en la redacción fue más bien asco lo que produjo.

Siempre me han llamado la atención las hormigas. Cuando caminan solas parecen desorientadas, aparentan no saber a dónde dirigirse, pero en cambio, cuando se juntan para algo, caminan decididas, nunca sé a dónde. Aquí en la redacción formaron una pefecta autopista que nacía de un agujero y moría en otro similar, unos cinco metros después.

Hace tiempo leí algo sobre la teoría de los enjambres. Básicamente lo que dice esa teoría es que las hormigas, o las abejas, o las aves, por sí solas, no son un prodigio de inteligencia, pero en grupos, bandadas o manadas, su potencial es enorme. Creo que éso no nos pasa a nosotros, cuanto más nos juntamos más brutos somos, por eso creo que no me gusta el fútbol.

Las hormigas de la redacción no sé si hacen algo inteligente. Algo inteligente es buscar comida. Lo que me pregunto cuándo las veo es quién es la hormiga lista a la que siguen las demás, y por qué la hormiga lista ha decidido tomar ese camino.

Cuando llevábamos un día de pacífica convivencia con las hormigas, llegó un operario provisto de un veneno para exterminarlas. "Qué pena", pensé, "si las hormigas han decidido vivir aquí, tal vez éste no sea un mal sitio". El operario fumigó, y el camino de hormigas se deshizo, no las hemos vuelto a ver. Selló con su veneno todas las posibles entradas y salidas.
Seguro que sólo murieron las más tontas, las que iban solas, las otras han sido vistas en la redacción de Deportes.


En Radio 3, Javier Hernández.

27 de noviembre de 2010

Montones de pequeños cascabeles






CAPÍTULO XXVI


Al lado del pozo había un viejo muro de piedra en ruinas. Cuando volví de mi trabajo al día siguiente por la tarde, vi de lejos a mi principito sentado allá arriba, con las piernas colgando. Y oí que hablaba:

- ¿Entonces no te acuerdas? – decía. – No es exactamente acá!

Indudablemente le respondió otra voz, ya que replicó:

- Sí! Sí! Efectivamente es el día, pero no es éste el lugar...

Continué caminando hacia el muro. Seguía sin ver ni oír a nadie. Sin embargo el principito replicó de nuevo:

- ... Desde luego. Verás dónde comienza mi huella en la arena. No tienes más que esperarme. Estaré allí esta noche.

Estaba a veinte metros del muro y seguía sin ver nada. El principito siguió diciendo, después de un silencio:

- ¿Tienes buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho tiempo?

Me detuve con el corazón en un puño, pero seguía sin comprender.

- Ahora vete... – dijo –, me quiero bajar!

Entonces yo también bajé la mirada hacia el pie del muro, y pegué un salto! Había allí, erguida hacia el principito, una de esas serpientes amarillas que lo ejecutan a uno en treinta segundos. Mientras hurgaba en el bolsillo para sacar mi revólver comencé a correr, pero con el ruido que hice la serpiente se dejó deslizar suavemente por la arena, como un chorro de agua que se extingue, y sin apurarse demasiado se escabulló entre las piedras con un leve sonido metálico.

Llegué al muro justo a tiempo para recibir en los brazos a mi pequeño príncipe, pálido como la nieve.

- Qué historia es ésta! Ahora hablas con las serpientes!

Le había aflojado su eterna bufanda dorada. Le había mojado las sienes y le había dado de beber. Y ahora no me atrevía a preguntarle más nada. Él me miró seriamente y me rodeó el cuello con sus brazos. Sentía latir su corazón como el de un ave que muere por un disparo de carabina. Me dijo:

- Me alegra que hayas encontrado lo que fallaba en tu máquina. Vas a poder regresar a tu casa...

- Cómo lo sabes ?!

Venía justamente a anunciarle que, contra toda esperanza, había logrado terminar mi trabajo! No respondió a mi pregunta pero agregó:

- Hoy yo también regreso a mi casa.

Luego, melancólico:

- Es mucho más lejos... es mucho más difícil...

Yo sentía que estaba sucediendo algo extraordinario. Lo apreté entre mis brazos como un niño, y sin embargo me parecía que se deslizaba verticalmente hacia un abismo sin que pudiera hacer nada para retenerlo... Tenía la mirada adusta, perdida muy lejos:

- Tengo tu cordero. Y tengo la caja para el cordero. Y tengo el bozal...

Y sonrió con melancolía.
Esperé largo rato. Sentía que se reanimaba poco a poco:

- Hombrecito, has tenido miedo...

Había tenido miedo, sin duda! Pero rió dulcemente:

- Tendré mucho más miedo esta noche...

Nuevamente me sentí helado por el sentimiento de lo irreparable. Y comprendí que no soportaba la idea de no oír nunca más esa risa, que era para mí como una fuente en el desierto.

- Hombrecito, quiero seguir escuchando tu risa...

Pero él me dijo:

- Esta noche se cumplirá un año. Mi estrella se encontrará justo encima del lugar donde caí el año pasado...

- Hombrecito, dime que esa historia de serpiente y de cita y de estrella es un mal sueño...

Pero no me respondió. Me dijo:

- Lo que es importante, no se puede ver...

- Desde luego...

- Es como con la flor. Si amas a una flor que está en una estrella, es placentero mirar el cielo por la noche. Todas las estrellas están floridas.

- Desde luego...

- Es como con el agua. La que me diste a beber era como una música, a causa de la polea y de la cuerda... recuerdas... era deliciosa.

- Desde luego...

- Por la noche mirarás las estrellas. La mía es demasiado pequeña para que te muestre dónde se encuentra. Es mejor así. Mi estrella será para ti una de tantas estrellas. Entonces, te gustará mirar a todas las estrellas. Todas serán tus amigas. Y además voy a hacerte un regalo...

Volvió a reír.

- Ah! hombrecito, hombrecito, me gusta escuchar esa risa !

- Justamente ése será mi regalo... será como con el agua...

- ¿Qué quieres decir?

- La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para quienes viajan, las estrellas son guías. Para otros no son más que pequeñas luces. Para otros que son sabios, ellas son problemas. Para mi hombre de negocios significaban oro. Pero todas esas estrellas son mudas. Tú tendrás estrellas como no tiene nadie...

- Qué quieres decir ?

- Cuando mires el cielo por la noche, dado que yo estaré en una de ellas, dado que yo reiré en una de ellas, entonces será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír !
Y volvió a reír.

- Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás ganas de reír conmigo. Y abrirás de vez en cuando tu ventana, así, por placer... Y tus amigos se sorprenderán de verte reír al mirar el cielo. Entonces les dirás: "Sí, las estrellas siempre me hacen reír !" Y ellos te creerán loco. Te habré jugado una mala pasada...

Y volvió a reír.

- Será como si te hubiese dado, en vez de estrellas, montones de pequeños cascabeles que saben reír...

Y volvió a reír. Después volvió a ponerse serio:

- Esta noche... sabes... mejor no vengas.

- No te abandonaré.

- Podrá parecer que sufro... podrá parecer que me muero. Es eso. No lo vengas a ver, no vale la pena.

- No te abandonaré.

Pero se lo notaba preocupado.

- Te lo digo... es también por la serpiente, que no debe morderte... Las serpientes son malas, pueden morder por placer.

- No te abandonaré.

Pero algo lo tranquilizó:

- Es cierto que no tienen más veneno para la segunda picadura...

Aquella noche no lo vi marcharse. Se había escapado silenciosamente. Cuando logré alcanzarlo caminaba decidido, con paso rápido. Sólo me dijo:

- Ah!, estás aquí...

Y me tomó de la mano. Pero siguió mortificándose:

- Has hecho mal; vas a sufrir. Parecerá que me muero y no será cierto...

Yo no decía nada.

- Tú comprendes. Es demasiado lejos. No puedo llevarme este cuerpo, es demasiado pesado.

Yo no decía nada.

- Pero será como una vieja cáscara abandonada. No tienen nada de triste las cáscaras abandonadas...

Yo no decía nada.

Se desanimó un poco. Pero hizo aún un esfuerzo:

- Será simpático, sabes. Yo también miraré las estrellas. Todas las estrellas serán pozos con una polea oxidada. Todas las estrellas me darán de beber...

Yo no decía nada.

- Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles, yo tendré quinientos millones de fuentes...

Y se calló también, porque estaba llorando...

- Es ahí. Déjame que dé un paso yo solo.

Y se sentó porque tenía miedo.

Agregó:

- Tú sabes... mi flor... soy responsable de ella ! Y es tan débil ! Y es tan ingenua. Tiene cuatro espinas insignificantes para protegerse del mundo...

Yo me senté porque ya no podía mantenerme parado. Dijo:

- Bueno... es todo...

Vaciló todavía un poco, luego se levantó. Dio un paso. Yo no podía moverme.

No hubo más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Permaneció un instante inmóvil. No gritó. Cayó suavemente como cae un árbol. Ni siquiera hizo ruido, a causa de la arena.

29 de mayo de 2010

La risa




Descubrir la comicidad de situaciones estresantes y reirse también protege nuestro equilibrio emocional. El buen sentido del humor nos permite ver las contradicciones y las ironias de la vida, lo que a menudo disminuye la intensidad de las emociones negativas que provocan las desgracias.

El sentido del humor es como un bálsamo protector. Su función primordial es aliviarnos del miedo y la inseguridad. Incluso el humor negro es saludable. Actua de purgante psicológico que nos libera de obsesiones destructivas. La gran virtud del sentido del humor es que nos alegra la vida y, probablamente, también la prolonga.

A menudo, las situaciones de buen humor provocan en nosotros la risa. Este reflejo fascinante es un regalo de nuestra naturaleza que va incluido en nuestro equipaje al nacer. La risa es una expresión física de emoción agradable intensa. Consiste en la contracción simultánea de quince músculos de la cara, acompañada de respiraciones espasmódicas y de sonidos entrecortados irreprimibles. Suele aflorar en los niños entre cuatro y seis meses de edad en respuesta a estímulos táctiles, movimientos, sonidos o ademanes de personas conocidas. Al año, los pequeños se ríen de alegría ante situaciones sociales o circustancias incongruentes o sorpresivas para ellos.

Desde que Charles Darwin publicó, en 1872, su tratado sobre la expresión de las emociones, numerosos experimentos han demostrado que no sólo nuestras emociones internas son exteriorizadas espontáneamente en nuestro rostro, sino que las expresiones emocionales de nuestro semblante, aunque sean en un principio fingidas o provocadas artificialmente, terminan por producir en nosotros los sentimientos genuinos que representan.

La conexión de ida y vuelta entre las emociones y sus manifestaciones corporales fue detectada hace muchos años por el psicólogo neoyorquino Willian James, quién señaló, por ejemplo, que silbar una sintonia alegre en la oscuridad no sólo podía neutralizar el miedo sino que incluso podía estimular alegría en el silbador.

La función de la risa, además de representar nuestro júbilo y buen humor, es liberarnos de la tensión y el estrés que acumulamos, descargar la ansiedad y los temores reprimidos, y ayudarnos a superar situaciones disparatadas. Una buena carcajada oxigena, alimenta en nosotros una perspectiva jovial y despegada de las frustraciones y sinsentidos cotidianos y, en definitiva, nos alegra la vida.


Luis Rojas Marcos, Nuestra incierta vida normal

12 de abril de 2010

Árboles hombres




Ayer tarde,

volvía yo con las nubes

que entraban bajos rosales

(grande ternura redonda)

entre los troncos constantes.


La soledad era eterna

y el silencio inacabable.

Me detuve como un árbol

y oí hablar a los árboles.

El pájaro solo huía

de tan secreto paraje,

sólo yo podía estar

entre las rosas finales.

Yo no quería volver en mí, por miedo de darles

disgusto de árbol distinto

a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron,

de mi forma de hombre errante,

y, con mi forma olvidada,

oía hablar a los árboles.


Me retardé hasta la estrella.


En vuelo de luz suave,

fuí saliéndome a la orilla,

con la luna ya en el aire.

Cuando yo ya me salía,

vi a los árboles mirarme.

Se daban cuenta de todo

y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,

entre el nublado de nácares,

con blando rumor, de mí.


Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,

que yo era sólo el pasante,

que no me hablaran a mí?

No quería traicionarles.

Y ya muy tarde, ayer tarde,

oí hablarme a los árboles.


Juan Ramón Jiménez

6 de marzo de 2010

La destrucción o el amor

1


Pájaro de la dicha,
azul pájaro o pluma,
sobre un sordo rumor de fieras solitarias,
del amor o castigo contra los troncos estériles,
frente al mar remotísimo que como la luz se retira.

Yo te he querido como nunca.
Eras azul como noche que acaba,
eras la impenetrable caparazón del galápago
que se oculta bajo la roca de la amorosa llegada de la luz.

La realidad que vive
en el fondo de un beso dormido,
donde las mariposas no se atreven a volar
por no mover el aire tan quieto como el amor.

Entonces por los cuellos dulces melodías aún circulan,
hay un clamor de violas y estrellas
y una luna sin punta, roto el arco,
envía mudamente sus luces sin madera.

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

El mar, encerrado en un dado,
desencadena su furia o gota prisionera,
corazón cuyos bordes inundarían al mundo
y sólo pueden contraerse con su sonrisa o límite.

Arriba las espumas, cabelleras difusas,
ignoran los profundos pies de fango,
esa imposibilidad de desarraigarse del abismo,
de alzarse con unas alas verdes sobre lo seco abisal
y escaparse ligero sin miedo al sol ardiente.

Calla, calla. No soy el mar, no soy el cielo,
ni tampoco soy el mundo en que tú vives.
Soy el calor que sin nombre avanza sobre las piedras frías,
sobre las arenas donde quedó la huella de un pesar,
sobre el rostro que duerme como duermen las flores
cuando comprenden, soñando, que nunca fueron hierro.

No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,
las huellas de unos besos,
ese resplandor que aún de día se siente si te acercas,
ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
ese río luminoso en que hundo mis brazos,
en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.



2

Cuerdas, dientes temblando en las ramas;
una ciudad, la rueda, su perfume;
mar, bosque de lo verde, verde altura,
mar que crece en los hombros como un calor constante.

Un pájaro de papel en el pecho
dice que el tiempo de los besos no ha llegado;
vivir, vivir, el sol cruje invisible,
besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.

Tus alas como brazos,
amorosa insistencia en este aire que es mío,
casi mejillas crean o plumón o arribada,
batiendo mientras me olvido de los dientes bajo tus labios.

Un aire blando y suave
donde las palabras se murmuran como a un oído.
Donde resuenan unas débiles plumas
que en la oreja rosada son el amor que insiste.

Llega con su cuerpo sonoro
donde sólo los besos resultan todavía fríos,
pero donde el sol se rompe ardientemente
para iluminar en redondo el paisaje vencido.

Tu corazón tomando la forma de una nube ligera
pasa sobre unos ojos azules,
sobre una limpidez en que el sol se refleja;
pasa, y esa mirada se hace gris sin saberlo,
lago en que tú, oh pájaro, no desciendes al paso.

Cuerpo que sólo por la mañana, dolido,
sin fiebre, tiene ojos de nieve tocada
y un rosa en los labios como limón teñido,
cuando sus manos quisieran ser flores casi entreabiertas.

Siento el mundo rodar bajo mis pies,
rodar ligero con siempre capacidad de estrella,
con esa alegre generosidad del lucero
que ni siquiera pide un mar en que doblarse.

Oh maravilla mía,
oh dulce secreto de conversar con el mar,
de suavemente tener entre los dientes
un guijo blanco que no ha visto la luna.
Noche verde de océano que en la lengua no vuela
y se duerme deshecha como música o nido.

Quiero saber si el corazón es una lluvia o margen,
lo que se queda a un lado cuando dos se sonríen,
o es sólo la frontera entre dos manos nuevas
que estrechan una piel caliente que no separa.

Pájaro como luna,
luna colgada o bella,
tan baja como un corazón contraído,
suspendida sin hilo de una lágrima oscura.

3


Dichoso corazón encendido en esta noche de invierno,
en este generoso alto espacio en el que tienes alas,
en el que labios largos casi tocan opuestos horizontes
como larga sonrisa o súbita ave inmensa.

El mar, la tierra, el cielo, el fuego, el viento,
el mundo permanente en que vivimos,
los astros remotísimos que casi nos suplican,
que casi a veces son una mano que acaricia los ojos.

Duele el alma amarilla o una avellana lenta,
la que rodó mejilla abajo cuando estábamos dentro del agua
y las lágrimas no se sentían más que al tacto.

Díme por qué sobre tu pelo suelto,
sobre tu dulce hierba acariciada,
cae, resbala, acaricia, se va
un sol ardiente o reposado que te toca
como un viento que lleva sólo un pájaro o mano.

Pájaro que picotea pedacitos de sangre,
sal marina o rosada para el pájaro amarillo,
para ese brazo largo de cera fina y dulce
que se estira en el agua salada al deshacerse.

Todo, todo, amor mío, es verdad, es ya ello.
Todo es sangre o amor o latido o existencia,
todo soy yo que siento cómo el mundo se calla
y cómo así me duelen el sollozo o la tierra.

Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta,
como existe la luna, la abandonada luna,
hueso que todavía tiene un claror de carne.

La celeste marca del amor en un campo desierto
donde hace unos minutos lucharon dos deseos,
donde todavía por el cielo un último pájaro se escapa,
caliente pluma que unas manos han retenido.

Sombra feliz del cabello
que se arrastra cuando el sol va a ponerse,
como juncos abiertos- es ya tarde;
fría humedad lasciva, casi polvo-.

Oh tú, calor, rubí o ardiente pluma,
pájaros encendidos que son nuncio de la noche,
plumaje con forma de corazón colorado
que en lo negro se extiende como dos alas grandes.


4


Canto el cielo feliz, el azul que despunta,
canto la dicha de amar dulces criaturas,
de amar a lo que nace bajo las piedras limpias,
agua, flor, hoja, sed, lámina, río o viento,
amorosa presencia de un día que sé existe.

El puro corazón adorado, la verdad de la vida,
la certeza presente de un amor irradiante,
su luz sobre los ríos, su desnudo mojado,
todo vive, pervive, sobrevive y asciende
como un ascua luciente de deseo en los cielos.

La memoria como el hilo o saliva,
la miel ingrata que se enreda al tobillo,
esa levísima serpiente que te incrusta su amor
como dos letras sobre la piel odiada.

Sangre o sol que se funden en el feroz encuentro,
cuando el amor destella a un choque silencioso,
cuando amar es luchar con una forma impura,
un duro acero vivo que nos refleja siempre.


5


Soy el destino que convoca a todos los que aman,
mar único al que vendrán todos los radios amantes
que buscan a su centro, rizados por el círculo
que gira como la rosa rumorosa y total.

Un alimento o roce en la garganta,
blanco o maná de tímidos deseos
que sobre lengua de calor callado
se deshace por fin como la nieve.

La felicidad no consiste en estrujar unas manos
mientras el mundo sobre sus ejes vacila,
mientras la luna convertida en papel
siente que un viento la riza sonriendo.

Se espera siempre.
Luna, maravilla o ausencia,
celeste pergamino color de manos fuera,
del otro lado donde el vacío es luna.

Quiero muslos de acero, acaso musgo tenue,
acaso esa suavidad tan reciente
cuando la lluvia cae por una ingle indefensa.

Una mágica luna del color del basalto
sale tras la montaña como un hombro desnudo.
El aire era de pluma, y a la piel se la oía
como una superficie que un solo esquife hiere.

Labios, dientes o flores, nieves largas;
tierra debajo convulsa derivando.
Ama el fondo con sangre donde brilla
el carbunclo logrado.
El mundo vibra.

Dichosa claridad de la aurora,
cuerpo radiante, amoroso destino,
adoración de ese mar agitado,
de ese pecho que vive en el que sé que vivo.

El amor como un número
tan pronto es agua que sale de una boca tirada,
como es el secreto de lo verde en el oído que lo oprime,
como es la cuneta pasiva que todo lo contiene,
hasta el odio que afloja para convertirse en el sueño.

Soledad, soledad, calvero, mundo,
realidad viva donde el plomo es frío;
no, ya no quema el fuego que en las ingles
aquel remoto mar dejó al marcharse.


6

Vive, vive, despierta, ama, corazón, ser,
despierta como tierra a la lluvia naciente,
como lo verde nuevo que crece entre la carne.

Vive, vive como el mismo rumor de que has nacido;
escucha el son de tu madre imperiosa;
sé tú espuma que queda después de aquel amor,
después de que, agua o madre, la orilla se retira.

Se aproxima el momento en que la dicha consista
en desvestir de piel a los cuerpos humanos,
en que el celeste ojo victorioso
vea sólo a la tierra como sangre que gira.

Vida, vida batiente que con forma de brisa,
con forma de huracán que sale de un aliento,
mece las hojas, mece la dicha o el color de los pétalos,
la fresca flor sensible en que alguien se ha trocado.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

Esa dicha creciente que consiste en extender los brazos,
en tocar los límites del mundo como orillas remotas
de donde nunca se retiran las aguas,
jugando con las arenas doradas como dedos
que rozan carne o seda, lo que estremeciéndose se alborota.

Ven, ven, huyamos quietos como el amor;
vida como el calor que es todo el mundo solo,
que es esa música suave que tiembla bajo los pies,
mundo que vuela único, con luz de estrella viva,
como un cuerpo o dos almas, como un último pájaro.

Tú, corazón que dondequiera existes como existe la muerte,
como la muerte es esa contracción de la cintura
que siente que la abarca una secreta mano,
mientras en el oído fulgura un secreto previsto.

Paraíso de lunas sajadas con desvío,
con filos de vestidos o metales dichosos,
aquellos que no amaron porque sabían siempre
que el polvo no circula ni sustituye a la sangre.

Mátame como si un puñal, un sol dorado o lúcido,
una mirada buída de un inviolable ojo,
un brazo prepotente en que la desnudez fuese el frío,
un relámpago que buscase mi pecho o su destino.....



Seguramente es un atrevimiento y una falta de respeto por mi parte. Pero me entretiene juntar estrofas de cada poema de La destrucción o el amor. Y siempre, con cualquier combinación, se mantiene el sentido global del poemario. Desde luego Vicente Aleixandre es el maestro del verso libre, y qué mayor libertad que la de acomodar sus propios versos como piezas de distintos puzzles. En concreto, este puzzle lo he compuesto seleccionando una única estrofa de cada poema, en el orden consecutivo de la edición de la editorial losada de 1954.

12 de febrero de 2010

El sitio de los sitios






"mi afán de sobrevivencia moral me fuerza a tomar partido por la dignidad. Sin romanticismo ninguno, sólo para entroncar con lo que fue desmochado en la infancia, volveré a orillas del Milyaka. Allí pereceré o ajustaré definitivamente las cuentas a mi enemigo mortal"

Juan Goytisolo, quince años después.





Kad' na te pomislim
Cuando pienso en ti
Bojim se da te opet zavolim
Tengo miedo de amarte otra vez
U modre usne zarijem zube
Aprieto mis dientes sobre mis labios azules
Da pravu bol zaboravim
Para olvidar el dolor real

Lane moje, ovih dana
Mi dulce corazón, estos días
Više i ne tugujem
No quiero volver a sentir el dolor
Pitam samo da l' si sama
Sólo me pregunto si estás sola
Ljude koje ne čujem
a gente a la que no puedo oir

Lane moje, noćas kreni
Mi dulce corazón, vete esta noche
Nije važno bilo s kim
No me importa con quién,
Nađi nekog nalik meni
Encuentra a alguien que me reemplaze
Da te barem ne volim
Así no seré yo quien te ame

(Nek' neko drugi usne ti ljubi)
(Puede que alguien más bese tus labios)
(Da tebe lakše prebolim)
Y así podré superarlo fácilmente


Lane moje, ovih dana
Mi dulce corazón, estos días
Više i ne tugujem
No quiero volver a sentir el dolor
Pitam samo da l' si sama
Sólo me pregunto si estás sola
Ljude koje ne čujem
a gente a la que no puedo oir

Lane moje, noćas kreni
Mi dulce corazón, vete esta noche
Nije važno bilo s kim
No me importa con quién,
Nađi nekog nalik meni
Encuentra a alguien que me reemplaze


Da te barem ne volim
Así no seré yo quien te ame
Da te više ne volim
Así ya nunca te amaré.

21 de noviembre de 2009

Yagudin

Yagudin, o la increíble historia del hombre de las manos agujereadas, de Philippe Ségur, es otra de mis lecturas opiáceas que he vuelto a releer este fin de semana en la playa. Seguramente no destaca por su gran calidad en la primera lectura, pero para mí es original, me gusta porque tiene un estilo propio, aun mezclando varios estilos ajenos..., a ratos es muy divertida y arriesgada (ojo, a ratos), su lectura es ágil y entretenida, te cuela la historia casi sin darte cuenta, aunque a veces se le van de la mano algunas disgresiones, sobre todo cuando narra las aventuras de Yagudin, supongo que por alargar una narración que se queda algo breve.

En líneas generales va sobre un tipo que cada noche cuenta a sus hijas historias de un personaje inventado, Yagudin, pero cada vez se va haciendo más real y termina por tomar el control de su propia vida. La imaginación toma las riendas de la realidad (normal q sea opiáceo, claro). Defrauda un pelín que al final la triste realidad sea tan triste y tan real, algo cortante, una gran historia habría merecido un final más brillante, para dejar mejor recuerdo.

Recomendable para días de luz.

15 de septiembre de 2009

Metales pesados

Igual que sucedía, siendo niños,
con las mágicas gotas de mercurio,
que se multiplicaban imposibles
en una perturbada geometría,
al romperse el termómetro,
y daban a la fiebre
una pátina más de irrealidad,
el clima incomprensible de los relojes blandos.

Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma.

En un sentido estricto, cada cual
es obra de un sinfín de multiplicaciones,
de errores de la especie, de conquistas
contra la oscuridad. Un individuo
es en su anonimato una obra de arte,
un atávico mapa del tesoro
tatuado en la piel de las genealogías
y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego.

No hay nada que no hayamos recibido
ni nada que no demos en herencia.

Existe una razón para sentir orgullo
en mitad de esta fiebre que no acaba.

Somos custodios de un metal pesado,
lujosas gotas de mercurio amante.





De “Metales Pesados”
Carlos Marzal 2001

29 de agosto de 2009

¿Elegir en el amor?



"Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto."

Rayuela, Capítulo 93

4 de julio de 2009

17 de abril de 2009

Las horas




Carta a Leonard.

Querido:
Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a recuperarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor.
Tú me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todo momento lo que uno puede ser. No creo que dos personas hayan sido más felices hasta el momento en que sobrevino esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo.
Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo harás, lo sé. ¿Te das cuenta?, ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer. Cuanto quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida.
Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte… que todo el mundo lo sabe. Si alguien hubiera podido salvarme, habrías sido tú. No queda nada en mí más que la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.
No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido.
V.

14 de abril de 2009

Ciudades visibles

“Tenemos el derecho de comparar una ciudad con una sinfonía o un poema:
son objetos de la misma naturaleza”.

Claude Lévi-Strauss


La frase "Buenos Aires es un libro" no encierra ninguna metáfora. Buenos Aires es un libro. La capital argentina regala palabras, expresiones, voces por todos sus rincones. Caminar por sus calles es leer, doblar una esquina supone pasar página, tomar un taxi significa saltarse un capítulo, volver a un café es subrayarlo.

La ciudad del río de la plata está poblada por palabras. Hay tiendas de neumáticos llamadas Virgilio, una empresade leche que se anuncia como la verdad láctea, líneas que promueven lencería bajo el nombre apogeo, y pintadas de amor supremo que dicen mueran todos menos vos.

Cuna de borges, cuna de cortázar, a Buenos Aires en el mundo le ha sido concedido el don de la palabra.Y no es difícil escapar a su poema. Pasear leyendo rótulos, mirando camisetas, anotando nombres,permite volver a casa con la mirada llena de versos y con la idea, cada vez más clara,de que los buenos poemas no son los que uno escribe, sino aquellos que uno encuentra.

© oskar alegria
http://www.oskaralegria.com/galeria.php?ciudad=6

11 de marzo de 2009

El tren de los heridos



Silencio que naufraga en el silencio
de las bocas cerradas de la noche.
No cesa de callar ni atravesado.
Habla el lenguaje ahogado de los muertos.

Silencio.

Abre caminos de algodón profundo,
amordaza las ruedas, los relojes,
detén la voz del mar, de la paloma:
emociona la noche de los sueños.

Silencio.

El tren lluvioso de la sangre suelta,
el frágil tren de los que se desangran,
el silencioso, el doloroso, el pálido,
el tren callado de los sufrimientos.

Silencio.

Tren de la palidez mortal que asciende:
la palidez reviste las cabezas,
el ¡ay! la voz, el corazón, la tierra,
el corazón de los que malhirieron.

Silencio.

Van derramando piernas, brazos, ojos,
van arrojando por el tren pedazos.
Pasan dejando rastros de amargura,
otra vía láctea de estelares miembros.

Silencio.

Ronco tren desmayado, envejecido:
agoniza el carbón, suspira el humo
y, maternal, la máquina suspira,
avanza como un largo desaliento.

Silencio.

Detenerse quisiera bajo un túnel
la larga madre, sollozar tendida.
No hay estaciones donde detenerse,
si no es el hospital, si no es el pecho.

Silencio.

Para vivir, con un pedazo basta:
en un rincón de carne cabe un hombre.
Un dedo solo, un solo trozo de ala
alza el vuelo total de todo un cuerpo.


Silencio.

Detened ese tren agonizante
que nunca acaba de cruzar la noche.
Y se queda descalzo hasta el caballo,
y enarena los cascos y el aliento.


Miguel Hernández, de El hombre acecha, 1938

2 de marzo de 2009

Carta a Adriano del Valle


Adriano del Valle y Rossi.
Sierpes 36.
Sevilla.

Hoy mayo en el tiempo
y octubre sobre mi cabeza. [1918]

PAZ
Amigo: Mucho me agradó recibir su carta y puede V. asegurar que ha sido un rato de gran satisfacción espiritual. Yo no me presento a su vista nada más que como un compañero (un compañero lleno de tristeza) que ha leído alguna de sus preciosas poesías.

Soy un pobre muchacho apasionado y silencioso que, casi casi como el maravilloso Verlaine, tiene dentro una azucena imposible de regar y presento a los ojos bobos de los que me miran una rosa muy encarnada con el matiz sexual de peonía abrileña, que no es la verdad de mi corazón. Aparezco ante las personas (esas cosas que se llaman gentes que dice "#@~€¬" ) como un oriental borracho de luna llena y yo me siento un Gerineldo chopinesco en una época odiosa y despreciable de Kaiseres y de La Ciervas (¡que se mueran!).
Mi tipo y mis versos dan la impresión de algo muy formidablemente pasional ... y, sin embargo, en lo más hondo de mi alma hay un deseo enorme de ser muy niño, muy pobre, muy escondido. Veo delante de mí muchos problemas, muchos ojos que me aprisionarán, muchas inquietudes en las batallas del cerebro y corazón y toda mi floración sentimental quiere entrar en un rubio jardín y hago esfuerzos porque me gustan las muñecas de cartón y los trasticos de la niñez, y a veces me tiro de espaldas al suelo a jugar a comadricas con mi hermana la pequeñuela (es mi encanto) ..., pero el fantasma que vive en nosotros y que nos odia me empuja por el sendero. Hay que andar porque tenemos que ser viejos y morirnos, pero yo no quiero hacerle caso ... y, sin embargo, , cada día que pasa tengo una idea y una tristeza más. ¡Tristeza del enigma de mi mismo! Hay en nosotros, amigo Adriano, un deseo de querer no sufrir y de bondad innata, pero la fuerza exterior de la tentación y la abrumadora tragedia de la fisiología se encargan de destruir. Yo creo que todo lo que nos rodea está lleno de almas que pasaron, que son las que provocan nuestros dolores y que son las que nos entran en el reino donde vive esa virgen blanca y azul que se llama Melancolía ..., o sea, el reino de la poesía (no concibo más poesía que la lírica). En él entré hace ya mucho tiempo ...; tenía diez años y me enamoré ...; después me sumergí del todo al profesar la religión única de la Música y vestirme con los mantos de pasión que Ella presta a los que la aman. Después entré en el reino de la Poesía, acabé de ungirme de amor hacia todas las cosas. Soy un muchacho bueno, en suma, que a todo el mundo abre su corazón ... Desde luego soy gran admirador de Francia y odio con toda mi alma al militarismo, pero no siento más que un deseo inmenso de Humanidad. ¿A qué luchar con la carne mientras esté en pie el pavoroso problema del espíritu? Amo a Venus con locura, pero amo mucho más la pregunta ¿Corazón? ..., y, sobre todo, ando conmigo mismo, como el raro y verdadero Peer Gynt con el fundidor ...; mi yo quiero que sea.

En cuanto [a] las cosas que hago, únicamente le diré que trabajo muchísimo; escribo muchos versos y hago mucha música. Tengo tres libros escritos (dos de ellos de poesía) y espero trabajar más. De música, me dedico ahora a recopilar la espléndida polifonía interior de la música popular granadina.

En cuanto a mi primer libro, le doy a V. las gracias por su elogio. Le digo que para escribir de él no tiene que decirme nada, porque una vez el libro en la calle, ya no es mío, es de todos ... En mi libro (que es muy malo) sólo hay una gran emoción que siempre mana de mi tristeza y el dolor que siento ante la naturaleza ... No sé si adivinara V. cómo soy yo de sincero, de apasionado y de humilde corazón. Me basta saber que es su espíritu el de un poeta. Y si esta escasa luz de mi alma que pongo en esta carta no la supiera V. ver o se riyera, solo me quedaría la amargura íntima de haberle enseñado algo de mi relicario interior a un alma que cerró sus ojos y sonrió escéptica. Desde luego descarto esto. Yo soy un gran romántico, y este es mi mayor orgullo. En un siglo de zepelines y de muertes estúpidas, yo sollozo ante mi piano soñando en la bruma haendeliana y hago versos muy míos cantando lo mismo a Cristo que a Budha, que a Mahoma y que a Pan. Por lira tengo mi piano y, en vez de tinta, sudor de anhelo, polen amarillo de mi azucena interior y mi gran amor. Hay que matar a los 'pollos bien' y hay a [sic] anular las risas a los que amen a la Harmonía. Tenemos que amar a la luna sobre el lago de nuestra alma y hacer nuestras meditaciones religiosas sobre el abismo magnífico de los crepúsculos abiertos ..., porque el color es la música de los ojos ... ahora dejo la pluma para montarme en la piadosa barca del Sueño. Ya sabe V. cómo soy yo en algo de mi vida.

Si me quiere contestar, su casa es Acera del Casino ..., por más que ya lo sabe mi tío. Dele V. mis abrazos. Es muy bueno y muy cariñoso ..., pero no me conoce a fondo. He sido siempre para él un muchacho que ha hablado poco, ha sonreído y nada más. Perdóneme esta letra tan infame que tengo. He sido muy sincero con su alma ... Lea V. esta carta triste, medítela, y después estoy seguro que dirá '... pero ¡qué muchacho!, ¡tan joven! ...; al fin, poeta'. Ahí va toda mi mano izquierda, que es la mano del corazón.
Federico García Lorca