3 de junio de 2010

Alcachofas (Sólo para adultos)



Hay que ver cómo pasa el tiempo. Y que siga pasando. Recuerdo hace unos años, cuando comenzábamos a ser jóvenes, e inocentes creíamos que comenzábamos a ser adultos. En el fondo éramos unos críos con aspiraciones de madurez.

Conso, una amiga, me contaba que notaba su nueva edad, estaba siendo consciente de ella, por algunos hechos irrebatibles que confirmaban que ya no éramos unos niños.

El primero, las noticias. Llega un momento en el que de repente te descubres interesado viendo el telediario. Hasta entonces había sido un ruido molesto en el ambiente, casi desapercibido, y después en cambio terminas prestándoles atención. E incluso te gustan. Quieres saber cómo está el mundo, y sabes que necesitas saber en qué mundo vives. Estás creciendo, sin duda.

Otro hecho incuestionable de la recién estrenada vida adulta: los ensayos y documentales. Hasta ese momento eran insoportables, aburridos y soporíferos; vamos, un coñazo para echar la siesta viendo La 2. Y sin saber cómo ha sido, te sorprendes en una charla con tus amigos comentando alguna idea interesante que has leído en un ensayo. Oye, que resulta que te interesan, te hacen crecer y te descubren ideas nuevas, nuevas perspectivas, posturas críticas que no tienen cabida a través de las vías culturales mayoritarias. Amigo, si renuncias a ver la última peli de algún super héroe y te metes en la sala del documental, porque te mueres de ganas por conocer la visión del tema del que se trate, estás perdido: te puedes considerar adulto de hecho y de derecho.

Pero no es un paso imprescindible. Hay uno mucho más revelador. Un buen día, llegas cansado de trabajar, abres el frigorífico para preparar algo de comer y....te apetece comer ¡¡lentejas!! Te lamentas de no saber hacerlas y piensas en lo buenas que le salen a tu madre. Sí, quieres comer lentejas hechas por tu madre. Con la de veces que has puesto cara de asco cuando las veías en el plato. Inevitablemente, la madurez ha llegado a tu vida.


Yo he sido consciente de ello con las alcachofas. Me daban angustia con sólo verlas. Pero vi un documental sobre nutrición, en el que explicaban sus múltiples cualidades y efectos beneficiosos para nuestra salud. Y ahora me gustan. Una persona joven sin aspiraciones de madurez se come cualquier cosa con tal de que le guste su sabor; por el contrario, a una persona adulta le gusta cualquier sabor con tal de que le siente bien a su salud.

Ahora sí que sí, la racionalización de las ventajas de lo que comes puede incluso cambiar su sabor, de una forma algo inconsciente tu mente condiciona tu cuerpo para que te guste algo, reconduces tus gustos: Eres adulto. Bienvenido, y que te sea leve.

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